martes 18 de noviembre de 2008

Aquél lugar - I


Estaba en el baño, y oí el sonido del viejo Chevrolet Monza que Carlos conducía, con su pintura negra aún flamante.
Aún ahora me pregunto qué fue lo que me atrajo de él.
Sabía que mientras me esperaba comprobaría que todo estuviese perfecto: mi asiento, la temperatura, la música, su pelo, su sonrisa...
Cuando me acercaba al coche vi la puerta abrirse, y tras ella, un feliz joven de 19 años, con una deslumbrante sonrisa tatuada en el rostro, y sobre ese rostro el revoltoso pelo marrón claro de Carlos.
Mientras que nos saludabamos y le contaba los pequeños percances que había sufrido con mi calentador, él puso en marcha el motor y me preguntó:
-¿Hacia dónde vamos, princesa?
-Tú sigue por esta carretera, ya te indico yo.

Poco a poco, entre las notas de alguna canción de un grupo de metal italiano cuyo cantante tiene una voz embriagadora, nos aproximamos a nuestro destino.
En su cara se leía la curiosidad de saber a dónde íbamos, y por qué era para mí tan importante mostrárselo.
En la mía, ligeramente, se podían adivinar unas líneas de nerviosismo y tensión... ¿Cómo reaccionaría cuando lo supiera todo?


Le pedí que detuviese el coche tras una hora de trayecto por carreteras secundarias desiertas, el resto del camino lo haríamos a pie. Obviamente, no podía arriesgarme a que adivinase todo el camino de ida a aquél lugar.

Cogimos las mochilas, y le tapé los ojos con un pañuelo negro. Nunca había estado allí... Ni él, ni nadie excepto yo. O eso me pareció al descubrir el sitio.


Tras un cuarto de hora de constantes preguntas de cuánto falta, comenzamos a bajar unas escaleras. Carlos contó en voz alta los escalones:
- Uno, dos, tres... Dieciocho.

Le quité la mochila, y la apoyé en uno de los muros naturales de piedra. También dejé la mía, y poco a poco le quité el pañuelo de los ojos.

Su boca abierta, y el silencio reinante en la situación, dejaba escuchar el sonido del nacimiento del riachuelo que cruzaba nuestro campo de visión de parte a parte.

Forgiven Princess


P.D. Sí, como podéis adivinar, ya he escrito el resto de la historia, y he cortado para dejaros con la miel en los labios. Soy cruel, lo sé. ¿Qué pensábais? ¿Que al estar enferma y ser una historia con un final feliz (o no), no os iba a dejar atentos a la próxima parte? xD

jueves 13 de noviembre de 2008

Whassup Go Obama version



Qué bueno, por Diox.

Forgiven Princess

miércoles 12 de noviembre de 2008

Kei y Shinji (VI - Final)

Nota: Esta es una recopilación de los capítulos, para aquellos que, o se perdieron la historia, o quieren volver a leerla.
Parte I
Parte II
Parte III
Parte IV
Parte V



Descubrió, para su sorpresa, que las chimeneas estaban encendidas, y los candelabros también, por lo que la casa parecía llena de vida, de aquella vida que perdió antaño. El ambiente, dentro de la casa, era menos frío que el de la calle, pero seguía sin ser cálido, ni tan siquiera ligeramente.

Vió pintadas en rojo brillante unas flechas en la escalera y la pared de la misma, que conducían al piso superior, y de este al superior. Dirigían al ático de la casa, conocido por sus dimensiones extravagantemente grandes. Shinji subió temeroso.

Por la diferencia de temperatura se subió un poquito las mangas, con tan mala suerte que se hizo un corte relativamente profundo que sangraba profusamente. Soltó una maldición y continuó subiendo la escalera, esperando lo peor. Y al entrar a la habitación descubrió lo que podía llegar a hacer la locura de un muchacho de su edad.

Por todas las paredes, de 5 metros de alto, podía observar la frase:Me engañaste, sufrí, ahora sufre tú. En distintas tonalidades de rojo y distinto tamaño. Pero lo peor no era aquello, no. Lo peor era que, donde antes pendía impasible al paso de los años una enorme lámpara de araña, ahora colgaba inerte el cuerpo desnudo de su amado.

La cara estaba negra, era dificil distinguir sus bellísimos rasgos. Tan solo sobresalían, de forma grotesca, aquellas furias verdes, aquél fuego frío como un puñal, atravesándolo.
En todo su cuerpo se veían cortes de poca profundidad, seguramente autolesiones que Kei se inflingía en sus sesiones de tortura mental. Pero habían dos realmente llamativos. en sus antebrazos, varios cortes se entrecruzaban para formar las letras de su nombre: Shinji.

Su cuerpo, azulado por la falta de oxígeno y por el frío, le dejó claro que su amor había sufrido muchísimo antes de morir, pues se asfixió, no se rompió el cuello. El shock fue tremendo. Un viento repentino soplaba intempestivo, y apagó las velas de la casa. Shinji gritaba, saltaba, intentaba bajar el cuerpo de Kei del lugar en el que estaba, del macabro escenario en el que representaba su espectáculo final, pero el cuerpo estaba a demasiada altura como para alcanzarlo saltando.

Poco a poco su voz se apagaba, pero no porque sus gritos fueran más débiles, o por que la tormenta sentimental que inundaba su mente estuviese amainando, sino porque sus cuerdas vocales se rendían lentamente.

Golpeaba el suelo, las paredes, lloraba sobre el suelo, hasta que se quedó dormido bajo el cadáver flotante de Kei.

Cuando despertó se sentó contra una pared, frente al cadáver, y lloró en silencio la muerte de su amado por culpa de su locura, hasta que sus lágrimas formaron un charco de barro con el polvo acumulado tras años de abandono de la casa.

Pasó allí el día completo, y durmió allí. Al día siguiente, de madrugada, volvió a casa. Estaba lleno de polvo y barro, tiritaba y unas profundas ojeras adornaban su precioso rostro.
Sus padres estaban en el salón, pegados al teléfono. Su madre lloraba desconsolada, hasta que al verlo aparecer lo miró con ojos incrédulos y lo abrazó.

Shinji mintió. No habló de Kei, no habló de la casa, no habló de donde estuvo. Simplemente dijo que un grupo de chicos de su edad lo habían agarrado y le habían dado una paliza, pero que no presentaría denuncia contra ellos, porque tenía miedo de represalias, y que por favor no intentasen convencerle de lo contrario.

Los meses pasaron, y Shinji continuó con sus estudios. Sacó las mejores notas de toda la comarca en la que vivía, y estudiaba en una de las mayores universidades del país.

Allí conoció a Alberto. Todos los sábados quedaba con Alberto, o eso creían sus padres. Realmente Alberto no existía. Cuando quedaba con Alberto, se dirigía a la vieja casa en la que, un día, la locura llevó al suicidio a la persona que más había querido y más querría jamás. Y lloraba, lloraba en silencio, gritaba sin voz y golpeaba sin fuerza, observando impotente que ni tan siquiera el tiempo arrancaba los restos de Kei de la soga con la que se suicidó.

Tal vez sí cayó su cuerpo, tal vez sí lo hicieron sus huesos y su pútrida carne, pero cuando Shinji entraba en la sala, Kei presidía todo desde su soga desnudo, con aquél nombre grabado en los brazos, y su intensa mirada ígnea clavada en él.

Forgiven Princess

P.D. Perdón por el retraso y por la ausencia. Lo sé, soy lo peor.

Kei y Shinji (V)


Al principio no se dio cuenta de aquello que colgaba de las ramas del árbol que se curvaba hacia la derecha formando un arco con las hojas perfectamente recortadas por su padre. La estampa de su casa le encantaba, desde que tenía uso de razón. Sobre todo en aquella época, a comienzos del invierno, cuando la mortecina luz y los delicados toques de escarcha matutina le despedían cuando se iba a clase. Pero aquella noche le aterró.

Se había entretenido hablando con su tutor sobre lo que haría cuando terminara la secundaria, qué universidades le convendrían... Y se le hizo de noche

Volvía a casa con la música de Velvet Tears a todo volumen, y pensaba en todo lo que había ocurrido distraído. Un coche pasó a toda velocidad salpicándolo con agua de un carcho, y tras una maldición siguió con su cavilación de camino al hogar.

Cada vez tenía una maraña mental mayor, pese a que Kei le había mandado un mensaje, él seguía preocupado por su ausencia continuada en clase.
Distraídamente llegó a la puerta de la vivienda, en la que se veían las luces de la cocina y el salón encendidas, y el humo de la chimenea haciendo divertidas formas en la oscura noche iluminada por una gran luna llena y blanquísima.

Iba a entrar, cabizbajo, y su cabeza chocó contra algo que colgaba de las hojas del árbol:
- ¿Qué coj...?

El objeto en cuestión era una mochila de lona desvencijada, de color negro, con los tirantes a listas rojas, y un IV blanco en el frontal. Muy del estilo de Kei.

Dentro había un cuaderno azul todo escrito, y fotos de él con otros chicos, con sus primos, primas, amigas y amigos, en clase, en el cine, en el entrenamiento, en cumpleaños y demás fiestas. En todas salía abrazando a alguien, o dándole un beso, riéndose con ellos...

Entonces se fijó mejor en las fotos, y vió que en todas habían manchas rojas, más o menos oscuras, más o menos pequeñas, pero en todas ellas las había. Shinji estaba cada vez más intranquilo. No sabía qué pensar, qué hacer... ¿Cómo debía reaccionar a aquello? ¿Era una amenaza? ¿Era una declaración de intenciones? ¿Un informe de lo que ya estaba hecho?

Entró en casa y subió corriendo las escaleras, sin quitarse los zapatos siquiera, y escondió la mochila en su habitación. Fue al baño y se dio una larga ducha, se secó y se puso cómodo. Bajó corriendo a cenar frugalmente y corrió a su dormitorio alegando que tenía mucho por estudiar aún, deshaciéndose así de sus padres.

Comenzó a hojear el cuaderno, y no le gustaba el formato en el que estaba escrito, y las muchas veces que aparecía su nombre enn aquel desvarío. Entonces percibió que la letra le era familiar... Demasiado familiar, pensó. Y comenzó a leerlo:

Martes 18 septiembre, 13:42
Hoy he hablado con Shinji, y parece que lo tengo en el bote. Pronto será mío.

Viernes 28 septiembre, 15:19
El otro día besé a Shinji, y nos vemos mucho. Creo que lo amo.

Sábado 29 septiembre, 23:37
Creo que se ve con otro. Esta tarde lo he seguido y le he visto con un chico que tiene el pelo casi rapado, pelirrojo, en el centro de la ciudad, cenando y riendo, y después entraron en el cine. ¿Me está engañando?


Shinji recordó que aquel día había ido con Mitsu Zuno al centro a cenar y al cine, para celebrar las buenas notas de él en los exámenes de septiembre. Siguió hojeando el cuaderno, y cuanto más leía las anotaciones, más se cercioraba del destructivo amor que Kei sentía por él, y de lo enfermizo de la mente de su novio. Se había montado un mundo imaginario en el que él, Shinji, lo engañaba con todos los que le rodeaban, daba igual su sexo, edad o relación con Shinji.

Se durmió intranquilo e inseguro, pensando qué clase de persona había amado durante los últimos meses, y qué era capaz de hacer aquella persona por el fruto de su perturbada mente.

Madrugó mucho, y cuando despuntaba el alba salió de casa, con una gruesa bufanda alrededor del cuello, una chaqueta de cuero negro y gorro y guantes negros también. El frío acusaba, y su cuerpo se sacudía en busca de que el movimiento provocase algo de calor para no morir de hipotermia. Decidió correr para entrar en calor, y para llegar pronto al lugar acordado con Kei.

Llegó, y la cancela ya estaba abierta -Kei ya ha llegado -pensó-. Las ventanas, cuyos cristales habían sido roto a lo largo de los años por los pedrazos de los muchachos de la zona, estaban abiertas todas. La pintura desconchada de la fachada dejaba ver el muro de piedra, invadido por las plantas trepadoras del jardín, cuyo crecimiento perdió el control de la mano humana muchos años atrás. Sin duda era un escenario tétricamente pintoresco y misterioso, para una cita de unos enamorados.

Forgiven Princess

viernes 7 de noviembre de 2008

A los lectores del Reino


Queridos habitantes de éste vuestro blog:

Como sabréis, de un tiempo a esta parte, la Princesa participa en el concurso bloguero Gran Primo Hermano y esta semana hizo una pequeña trampa (para ganar un concurso de vídeos graciosos, que prometió ganar a Iago), y sus compañeros le han encajado los 12 puntos (máximo de puntos en contra que podía recibir).

Así pues, está nominada junto a Shysh y Galahan, pero da igual contra quién, el tema está en que, una vez más, vuestra princesa republicana os pide ayuda.

Esta vez, entrad aquí (pinchad la palabra aquí). Y poned: SMS Salvar Forgiven Princess.

Vuestra Princesa os agradece por adelantado la ayuda que prestéis al reino, conservando la participación de nuestra monarquía republicana en el concurso.

Votad, queriditos, ¡votad!

Forgiven Princess

P.D. Está redactado en 3ª persona porque esto lo escribe Forgiven Sister mientras que la Forgiven original se ducha.

Happy birthaday, dear Iagoooo



Allá por el 88, nació en la piel de toro un profeta.

No tuvo ningún pesebre, su madre no era virgen y su padre no era un ser etéreo y de existencia incomprobable, ni tuvo tres orientales que le trajeran potingues y oro a la cuna.

No fue perseguido por los romanos, ni hablaba hebreo ni era judío.

No hacía el agua vino ni multiplicaba panes y peces.
Él se comía los panes y los peces y se bebía el vino y el agua, y el alcohol de las discotecas y botellones.

Él no era profeta de profesión, era estudiante, y a día de hoy aún lo es.
No estudiante para profeta, sino estudiante de peridismo, el profetismo del s. XXI, con algo de retraso en cuanto a profecías se refiere.

No era ''virginal'' ni follaba con ''cortesanas'', sino que es gay, sexualmente muy activo, y triunfa en Chueca y allí a donde va.

Y no dijo sermones de la montaña, ni le curó la vista a un ciego, ni hizo que un muerto andase, ni que un leproso perdiese su lepra. Pero escribe un blog.

Y un día, la blogosfera quiso que el profeta encontrase lo inaudito: una princesa republicana. Empezaron a leerse mutuamente, y hasta la fecha siguen haciéndolo.

Pero el hito del profeta fue hace unos meses, cuando decidió traer al mundo el Thiaguismo Plateado.
Abrió los ojos a sus fieles, y ahora ellos siguen al profeta, gracias a los seguidores que Blogger ha puesto de gadget.


Sí, y todo esto es para decir...

¡¡¡¡¡FELIZ CUMPLE IAGO!!!!!

Forgiven Princess

jueves 6 de noviembre de 2008

Es extraño como una persona
puede pasarde la risa al llanto en un segundo
con un simple pensamiento...

Forgiven Princess