
Estaba en el baño, y oí el sonido del viejo Chevrolet Monza que Carlos conducía, con su pintura negra aún flamante.
Aún ahora me pregunto qué fue lo que me atrajo de él.
Sabía que mientras me esperaba comprobaría que todo estuviese perfecto: mi asiento, la temperatura, la música, su pelo, su sonrisa...
Cuando me acercaba al coche vi la puerta abrirse, y tras ella, un feliz joven de 19 años, con una deslumbrante sonrisa tatuada en el rostro, y sobre ese rostro el revoltoso pelo marrón claro de Carlos.
Mientras que nos saludabamos y le contaba los pequeños percances que había sufrido con mi calentador, él puso en marcha el motor y me preguntó:
-¿Hacia dónde vamos, princesa?
-Tú sigue por esta carretera, ya te indico yo.
Poco a poco, entre las notas de alguna canción de un grupo de metal italiano cuyo cantante tiene una voz embriagadora, nos aproximamos a nuestro destino.
En su cara se leía la curiosidad de saber a dónde íbamos, y por qué era para mí tan importante mostrárselo.
En la mía, ligeramente, se podían adivinar unas líneas de nerviosismo y tensión... ¿Cómo reaccionaría cuando lo supiera todo?
Le pedí que detuviese el coche tras una hora de trayecto por carreteras secundarias desiertas, el resto del camino lo haríamos a pie. Obviamente, no podía arriesgarme a que adivinase todo el camino de ida a aquél lugar.
Cogimos las mochilas, y le tapé los ojos con un pañuelo negro. Nunca había estado allí... Ni él, ni nadie excepto yo. O eso me pareció al descubrir el sitio.
Tras un cuarto de hora de constantes preguntas de cuánto falta, comenzamos a bajar unas escaleras. Carlos contó en voz alta los escalones:
- Uno, dos, tres... Dieciocho.
Le quité la mochila, y la apoyé en uno de los muros naturales de piedra. También dejé la mía, y poco a poco le quité el pañuelo de los ojos.
Su boca abierta, y el silencio reinante en la situación, dejaba escuchar el sonido del nacimiento del riachuelo que cruzaba nuestro campo de visión de parte a parte.
Forgiven Princess
P.D. Sí, como podéis adivinar, ya he escrito el resto de la historia, y he cortado para dejaros con la miel en los labios. Soy cruel, lo sé. ¿Qué pensábais? ¿Que al estar enferma y ser una historia con un final feliz (o no), no os iba a dejar atentos a la próxima parte? xD








